Una guía práctica para evaluar la liquidez, la solvencia, la rentabilidad y el endeudamiento de cualquier empresa.
Un diagnóstico financiero permite conocer, de forma rápida y objetiva, la salud económica de una empresa. Se apoya en cuatro grandes bloques que conviene analizar de forma conjunta.
Cada bloque responde a una pregunta distinta sobre la empresa.
Mide la capacidad de pagar las deudas a corto plazo. Se calcula comparando el activo corriente con el pasivo corriente. Un ratio cercano a 1,5 suele considerarse adecuado.
Evalúa si el activo total cubre todas las deudas, a corto y largo plazo. Un resultado superior a 1,5 refleja una posición equilibrada.
Mide la capacidad de generar beneficios respecto a ventas, activos o fondos propios. Los indicadores clave son el margen, el ROA y el ROE.
Indica qué parte de la financiación procede de terceros frente a los recursos propios. No hay un nivel bueno o malo universal: depende del sector.
Idea clave: ningún ratio debe leerse de forma aislada. Una empresa con buena liquidez pero endeudamiento excesivo presenta un desequilibrio que conviene investigar.
Lo recomendable es comparar los resultados con periodos anteriores y con empresas del mismo sector, para valorar tanto la evolución como el contexto en el que opera la empresa.
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